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LLANTO Y CANTO AL ÁRBOL DE RIÓPAR
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LLANTO
Hoy me he puesto a llorar en Riópar
al ver esas ramas y el tronco reseco;
sólo con recordar esa sombra
que, tantos veranos, sus ramas nos dieron.
Hoy he visto la muerte tan cerca... junto al cementerio,
tantos siglos y siglos de vida sin hojas ni aliento,
tanta vida dormida en su tronco que no cabe dentro.
No he podido acallar ni un momento
mi duelo y mi llanto
y la lluvia lloraba en silencio
la muerte del árbol.
TRANSICIÓN
En mis ojos llanto no quedaba
y las nubes siguieron llorando
y mi duelo se trocó en palabra,
la palabra transformose en canto
y ese canto descendió hasta el llano
rodando... rodando...
CANTO
Al árbol roído por el tiempo,
herido por el rayo,
dañado por el viento.
Al árbol, emblema de mi pueblo,
dosel incomparable
legado de otros tiempos.
Raíces de iglesia y de la almena,
testigo de fiestas y de duelos
Al árbol agostado y reseco
que enhebra sus raíces
en la roca del cerro.
MEMORIA
Mudo testigo que, en silencio, miras
a tus pies departir pobres y ricos,
¡cuantas historias guardas escondidas
en tu historial de siglos...!
¡Cuantos ancianos que a tus pies bailaron
sintieron remozarse hasta los huesos!
¡y cuantos niños, sus primeros pasos,
bajo tus ramas dieron!.
RUEGO
Nadie se atreva a profanar su tronco
henchido de grandeza.
Quitarlo de la roca, que es su trono,
sería una vileza.
Las voces que atesora en sus anillos
a la conciencia apelan.
¡Dejadme ver la iglesia!,
¡dejadme ver el valle!,
¡dejadme ver la almena!.
¡Dejadme, por favor, que siga enhiesto
presidiendo la fiesta!.
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