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Los trabajadores extranjeros (hasta siete alemanes y uno francés), tenían rango de maestros en sus diferentes
especialidades, habían sido reclutados por Graubner en Madrid, los otros, españoles, eran simples aprendices que se ocupaban de las tareas secundarias, bajo la supervisión de los maestros alemanes, para los trabajos de cortar leña y hacer carbón vegetal para los hornos de la fábrica.
Para el transporte de materiales o las reparaciones de los caminos, se contrataban campesinos de los pueblos
cercanos, en calidad de trabajadores temporeros y a destajo. Los obreros naturales de Riópar y alrededores abandonan poco a poco sus casas para instalarse en el nuevo asentamiento.
A finales del s. XVIII la mayor parte de los trabajadores de las fábricas eran españoles, ya que casi todos los técnicos
alemanes que se habían contratado,
en un principio numerosos, a poco de llegar a las fábricas fueron bajando, sin embargo, los puestos de mayor
responsabilidad y especialización seguían siendo llevados por técnicos extranjeros.
El objetivo de Juan Jorge Graubner al traer consigo maestros alemanes y de otros países centro europeos fue para
que enseñaran y adiestraran a los naturales españoles en las nuevas artes y oficios, conocemos los nombres de algunos de los maestros, como por ejemplo los tiradores de alambres, Joseph Axel y Joseph Equem, el maestro alfiletero Godofredo Braum, el maestro platero Matías Fellnert, el maestro quincallero Wenceslao Procop, los maestros martineteros, Sebastián Stober y Juan Unterhüber, el maestro fundidor Juan Hein...
Los trabajadores extranjeros tenían ciertos privilegios y gozaban de un régimen de trabajo diferente al de los
españoles, se les concedió facilidades para la
adquisición de tierras, se fomentó su matrimonio con españolas, para así poder lograr su total integración y evitar su
vuelta a su país de origen.
Con buena parte de ellos se consiguió este resultado y aún existen en Riópar muchos personajes con apellidos
castellanizados, con ojos azules, cabellos claros, datos que denotan su ascendencia centroeuropea.
La junta de Alcaráz, quería conseguir, el arraigo de los trabajadores alemanes a la zona, mediante la concesión de
lotes familiares de 50 fanegas de tierra, sin embargo Graubner, opinaba que era más favorable el estímulo para su asentamiento, prometerles pensiones de vejez, viudedad e invalidez. Las pensiones de vejez e invalidez, debían ser equivalentes a la mitad del salario de los trabajadores, y las de viudedad a la tercera parte. En principio, sólo los trabajadores extranjeros tendrían derecho a este tipo de pensiones, pero Graubner preveía hacerlas extensivas a los trabajadores españoles más adelante, para ello establecería una "Caja de Difuntos", reteniendo a los obreros dos días del pago de su salario, para este fin.
Existe una tradición en Riópar , en que se cree que los maestros extranjeros y españoles enseñaban su oficio desde
dentro de una enorme jaula metálica, siendo contemplados por los aprendices españoles sentados en derredor .
...La enseñanza técnica que había estado descuidada en España, debía ser remediada con la introducción de
doscientos mil artesanos extranjeros, de religión católica. La necesidad de difundir en España enseñanzas técnicas, motivó la creación de centros de producción, las "Reales Fábricas" que subsidiadas por el tesoro público, en muchas ocasiones liquidaron con pérdida, aunque este aspecto fue considerado por los gobernantes como poco importante, ya que el principal objetivo perseguido era la mejora de los procedimientos de producción. La mayor parte de estas Reales Fábricas instaladas fracasaron más tarde al establecerse las privadas, con las cuales no pudieron competir.
Carlos III practicó una política de ayuda a la industria y al comercio español, adoptando unas posturas
proteccionistas que los favorecieran; dictando una serie de reales ordenes en este sentido: el 21 de julio de 1780 da instrucciones para que se enseñe, a los niños de los asilos y hospicios, oficios provechosos al Estado.
...Graubner tuvo una serie de gastos en el viaje que realizó a Riópar con el fin de inspeccionar las minas de calamina,
para indemnizarse de ellos y hacer útil la citada mina, hizo las siguientes proposiciones:
VI que para beneficio del reino, admitiría varios jóvenes del Real Hospicio de Madrid, según el número que
considerase podría emplear y les enseñaría todas las maniobras y construcciones de los géneros de su fábrica, sin ocultarles secreto alguno, bien entendido que a cada uno le destinaría a un solo oficio, para que de este modo saliesen perfectos en él, los cuales deberían estar como aprendices cinco o seis años, según su aplicación; siendo de cuenta de la Casa Hospicio dar las correspondientes providencias para su manutención, y sujeción a la justicia más cercana, siendo solo de la obligación de Graubner enseñarlos perfectamente, sin ocultarles secreto alguno y pagarles el correspondiente jornal concluidos los años de aprendizaje, una vez alcanzado el nivel de destreza técnica satisfactoria deberían retomar al Hospicio de Madrid donde se establecería una nueva escuela-fábrica de quincalla de latón.
De este modo, según opinión del propio Graubner, amen de abastecer con más fluidez el mercado, se contribuiría a
difundir en España las técnicas del latón.
VII que mientras estos aprendices no estuviesen aptos para trabajar de oficiales,podrían admitirlos extranjeros para
las construcciones...
... hicieron que Graubner presentara a la Junta de Minas de Alcaráz, un memorial en el que exponía la necesidad de
retejar los edificios de las fábricas y de calafatear los canales de las ruedas hidráulicas, a fin de poder prevenir los daños que pudiesen ocasionar las lluvias y las nieves durante el invierno. La Junta autorizó las reparaciones. Las obras de reparación tuvieron que ser postergadas, en razón de que la población de las fábricas, sufrieron una epidemia de tercianas, con lo que los trabajos tuvieron que ser paralizados nada más comenzarse. La práctica totalidad de los trabajadores, incluido Graubner, fueron víctimas de las fiebres, con lo que cesó la actividad laboral. Ya muy entrado el otoño, cuando las lluvias ya habían comenzado y, por lo tanto, las condiciones climatológicas no eran favorables, se pudo continuar con los trabajos de reparación. Los trabajos se llevaron a cabo lentamente, ya que el número de trabajadores que estaban en disposición de poder trabajar se habían reducido por los estragos de la epidemia, que en su mayor parte no se habían recuperado aún del contagio. Para agravar el problema, durante la noche del l0 al 11 de Octubre de 1782, cayó una gran tormenta sobre las fábricas, que desbordó el río Mundo, causando a los edificios de las fábricas grandes daños.
No están claras las causas de la epidemia, pero el hecho de que afectase al personal de las fábricas, sobre todo y
casi exclusivamente a los aprendices, durante tres veranos consecutivos, hace pensar que existiese algún factor de tipo endémico. Este factor, probablemente, se debiera a la existencia de aguas insalubres y estancadas en los alrededores. |
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VIII. EL FACTOR HUMANO. técnicos y obreros
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