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Érase un padre que, paseando con su hijo, le iba enseñando sus propiedades y le
decía:
-Este olivar, el día que yo muera será tuyo, pero no lo conviertas en era.
-Si, padre (para sus adentros pensaba "¿creerá que soy tonto? ¿cómo voy a
convertir esto en una era?, está ya muy mayor y chochea").
-Esta suerte es la mejor y produce las mejores verduras de la comarca, también será
para ti, pero no la conviertas en era.
-Si, padre ("y dale con lo de la era, ¿cuanto piensa que tendré que trillar?")
-Este pinar en pocos años ya estará de corta y también será para ti, pero te pido que
no lo conviertas en era.
-Si, padre ("pues si que ha cogido perra con el tema, cada día está más ido")
Pasó el tiempo y, habiendo muerto el padre, heredó todas las propiedades pero,
como era un derrochador, dilapidó toda su fortuna.
Cierto día paseando por aquellos campos recordaba:
-Esta suerte, era mía, este pinar era mío, este olivar era mío...
Y entonces comprendió lo que su padre le había querido decir.
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riopar dichos no lo conviertas en era
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