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La orla de las fiestas se retira,
tristes suenan las campanas relajadas,
hoy la banda
que despierta a la mañana cada día
ya no suena,
muda calla.
Un digno riopense gime,
harto quiere aliviarla,
su pulmón da a la trompeta,
más … no hay fuerzas
sólo puede estrecharla.
Sentado en un sillón él la contempla,
la abraza y la acaricia en su regazo,
extasiado
se consume recordando aquel pasado …
pretende hacerlo presente,
más … no hay fuerzas,
sólo puede recordarlo.
Triste llora callado,
sus lágrimas corren al mar,
que sajando sus mejillas,
de allí vienen
y allí van.
Hoy se ha roto el ensamblaje de la banda
que él
tenaz y de eje hacía,
se ha secado la humedad hoy de sus labios,
que bizarro a la trompeta él le ponía.
Riópar
vive sumida en un sueño,
el sueño de la esperanza,
de la desdicha y nostalgia
del silencio de la banda.
Gentes lloran de pena,
cierran lo ojos …,
quieren soñar
que al alborear el día
vuelva la diana a sonar.
Mas …
no llores tú, buen amigo,
no vendes tus grandes ojos,
ponle a la vida ilusión,
que pronto llegará el día
que sonará con vigor
la trompeta que en tus labios
inundará el corazón
de lágrimas y alegría
al escuchar vuestro son.
Con nuestra diana floreada
y la santa Pita en pos,
unís a pobres y ricos
en un abrazo de AMOR
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BALADA A MI PAISANO FRANCISCO LÓPEZ
(LIMÓN) |